La masonería

La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la practica de la solidaridad; y trabaja por el mejoramiento material y moral de la humanidad. Tiene como principio la tolerancia mutua, el respeto a los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Consideran que las condiciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo y no propugna religión ni creencia alguna ni tampoco se opone a ninguna de ellas. Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

La masonería facilita el enriquecimiento intelectual mediante el diálogo y la reflexión promovidos a partir de la diversidad de sus miembros y se hermana con toda la humanidad trabajando en la búsqueda de la felicidad a través del desarrollo intelectual, ético y social.

La masonería está abierta a todos los hombres y mujeres libres y responsables que se adhieran a sus principios, usos y prácticas. Nada hay en ello que pueda repugnar a la conciencia de cualquier persona justa y sensata.

La masonería es plural y se organiza de modos distintos según las áreas culturales, determinadas tradiciones consolidadas por la historia y puntos de vista comunmente admitidos en unos u otros grupos. Algunas organizaciones masónicas inician solamente a hombres que creen en un principio trascendente de carácter teísta, mientras que otras –como el SCME– no se inmiscuyen en sus creencias personales. En algunas obediencias (federaciones de logias) se encuadran solamente hombres; en otras, únicamente mujeres, y en ciertas organizaciones, como es el caso del SCME, mujeres y hombres en estricto plano de igualdad, en todos los grados, funciones y cargos, que son elegidos por sufragio universal según el principio de una persona, un voto. Esta última forma de masonería, llamada masonería adogmática o liberal, establece que en las reuniones masónicas todos los francmasones son iguales. No existe entre ellos más distinciones que las de la jerarquía impuesta por las diferentes funciones.

El método masónico utiliza un lenguaje mediante el cual las realidades son descritas por alegorías y veladas por símbolos.

Un símbolo es una imagen que evoca ideas sobre algo. La masonería utiliza sobre todo los de las herramientas propias de la construcción: la escuadra, el compás, el nivel, el mazo, el cincel, la regla, la plomada… También se emplean otros símbolos más universales como el del Sol, la Luna, la luz, los puntos cardinales, el amplio mundo de la geometría… Todos esos símbolos dicen mucho más de lo que sugiere su sola forma o su función. Y todos ellos pueden servir de herramientas para la averiguación de realidades físicas o espirituales. El lenguaje simbólico supone el abandono intencionado de escenarios incontestables, de verdades absolutas, para dar juego a la interpretación sugerente y creativa de cada observador. La masonería renuncia a imponer puntos de vista unívocos sobre cualquier realidad o idea y es precisamente el lenguaje simbólico empleado por el método masónico el que garantiza, personal y grupalmente, la existencia de un amplio terreno de juego presidido por la libertad.

La masonería no impone restricción alguna a quienes deseen formar parte de ella a partir de cuestiones de potencial económico, nivel intelectual, posición social o tendencia política. Aunque a lo largo de la historia han llegado a ser masones personas de renombre en campos tan diversos como la política, la industria, la ciencia o las artes, la aplastante mayoría de los masones en todo el mundo son hombres y mujeres comunes y corrientes, asalariados y padres de familia, trabajadores manuales, intelectuales o comerciantes, empresarios y desempleados, estudiantes y personal de las más diversas profesiones, de modo que está formada generalmente por ciudadanos de clase media y trabajadores. No hay en la masonería más élite que la que se desprende de la moral de sus miembros y de su capacidad de convivencia tolerante. La idea de que la masonería es un cuerpo elitista que conspira para establecer posiciones de dominio de tipo político o económico es fruto de la propaganda de grupos de extrema derecha, sectores reaccionarios pertenecientes a algunas religiones o gente que da crédito a aseveraciones que no se sostienen ni histórica ni documentalmente. La masonería no es una organización piramidal ni una secta; es un conjunto de formaciones independientes según los países y las culturas en las que es más difícil entrar que salir, donde no existe persona ni grupo que dicte e imponga cuestión alguna y en la que sus miembros solamente responden ante su conciencia personal de ciudadanos libres. Pertenecer a la masonería implica pagar una cuota equivalente a la de un gimnasio público o centro cultural y asistir a un par de reuniones mensuales.

 

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