En logia, Homero; en la vida civil, Federico García Lorca

Por GABRIEL JARABA

Ahora que se cumple el 80º aniversario del asesinato de Federico García Lorca vuelven a ponerse de relieve los aspectos poco claros de las circunstancias de su muerte. De entre ellos destaca uno en particular, que no sólo suele ser omitido por los sucesores generacionales o culturales de los asesinos sino también por los ciudadanos de izquierdas y de alma republicana: la condición de masón del genio. Republicano, izquierdista, socialista, artista, homosexual, sí, pero también miembro de la masonería. Junto con la recuperación de sus restos, hasta ese reconocimiento se le escatima.

Han sido precisamente quienes se hallan en el polo opuesto de sus ideas quienes han aseverado con más claridad la condición masónica de Federico. Es el caso del periodista falangista Eduardo Molina Fajardo, que en su libro póstumo Los últimos días de Federico García Lorca afirma la pertenencia del poeta a la masonería. Lo mismo hacía un informe de la Jefatura Superior de Policía de Granada fechado en 1965 en el que se le definía como socialista y masón. A ello se refería un artículo publicado en mayo de 2015 en el diario Granada Hoy, en el siguiente párrafo:

“El documento, fechado en Granada el 9 de julio de 1965, señala que Lorca era ‘un masón perteneciente a la logia Alhambra en la que adoptó el nombre simbólico de Homero, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma’. Idéntico apunte se encuentra en algunos documentos de esta sociedad, entre ellos una lista con los nombres de los masones, reproducidos en el libro de Molina Fajardo. Esta lista, en la que aparece el nombre del poeta, se suma al expediente de responsabilidades políticas seguido contra García Lorca, bajo el número 630, de 1940. En unas diligencias abiertas por la comisaría se confirma la pertenencia del autor de Yerma a la masonería”.

La estrecha relación con Fernando de los Ríos, destacada figura del socialismo humanista de la época, podía haber sido una relación de fraternidad masónica, ya que el profesor y ministro rondeño formaba parte de la logia Alhambra, cuyas columnas habría decorado Federico con el nombre simbólico de Homero. Y afirma la actriz Emma Penella, hija de Ramón Ruiz Alonso, delator de Federico y diputado por Granada entre 1933 y 1935 por el partido conservador católico Acción Popular, que los motivos que argumentó su padre en la denuncia que redactó contra García Lorca fueron “por ser secretario de Fernando de los Ríos, por rojo y por masón”. Aunque calificar a alguien de masón en aquella época no era tanto una definición personal como un infundio que pudiera comprometerle. Recuérdese que fueron condenados por la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo muchísimos más “masones” que personas figuraban inscritas en las obediencias del momento. Los masones que trabajaban en Granada fueron detenidos a partir del mismo 1936 y algunos de ellos fueron obligados a participar en los entierros de los fusilados por los facciosos, llevando puestos los mandiles forzados por sus captores, a manera de sambenito infamante.

Destruidos los documentos que no fueron aprehendidos y llevados al archivo de Salamanca, es muy difícil hoy día comprobar documentalmente la condición masónica de un ciudadano de la república española, máxime si fue víctima de asesinato represor. La honrosa memoria de Federico García Lorca y su resplandeciente virtud intelectual y moral no necesitan de documentos probatorios. Pero lo que sí resulta necesario es que la ciudadanía progresista española de nuestros días se decida de una vez a descorrer el velo tras el que se trata de esconder la pertenencia a la masonería de personas que hicieron de nuestro país un espacio más humano. Si entre la reacción y la caverna existe un rencor nada disimulado hacia la masonería, entre los ciudadanos progresistas lo que hay es algo a mi entender peor: mirar hacia otra parte con respecto al asunto.

El Parlament de Catalunya aprobó en 2001 una moción por la que se restituía el honor a la masonería y se reconocía el mérito de su lucha por la recuperación de las libertades democráticas, con el voto afirmativo de todos los grupos excepto el PP. Quince años después, aún se sigue reclamando a las Cortes españolas que hagan lo propio. Pero el verdadero reconocimiento a la Orden debe venir de la misma ciudadanía, y por eso los españoles –no solamente de izquierdas o republicanos, sino demócratas de centro y centroderecha—deberían sentirse obligados no tanto a jalearla –lo que no es necesario ni mucho menos deseable—ni reconocerle otro mérito que el derecho a la existencia y la aceptación de su presencia pública.

Que 80 años después de la muerte de Federico se ignore, por haber sido escondida, su condición masónica no es tanto un problema de 1936 como de 2016. Hacer ver que la masonería es una curiosidad del pasado y hoy obsoleta; perdonar la vida de quien se confiesa masón como quien acepta una rareza excéntrica de un casi amigo; mirar hacia otro lado cuando se recuerda que la masonería fue casi exterminada tanto en España como en los campos nazis; omitir la condición masónica de una persona cuando puede ser definitoria de la razón de su actividad y pensamiento; incluso considerar sospechosa por no se sabe qué razón su pertenencia; exigir el abandono del derecho al secreto de pertenencia; acusación de secretismo a lo que es simplemente legítima privacidad. Lo diré claro y crudo: hacer lo antedicho no es una opción sino instituir un déficit democrático en el comportamiento.

Así pues, también los ciudadanos progresistas tienen que hacer una reflexión íntima respecto a la masonería. Quienes no lo son ya la hicieron en su momento y, dada la libertad de que gozan gracias a los primeros, pueden permitírselo. Los hombres y mujeres progresistas, no. Un ejemplo práctico de esa reflexión obligada podría ser el emprendimiento de una investigación solvente acerca del García Lorca masón, recuperar para la memoria histórica a aquél hermano Homero. Y mientras tanto, podríamos empezar por algo muy sencillo: tomar conciencia de que ese amigo o conocido que se reúne con sus iguales en una logia no es un tipo raro sino un modesto miembro de una tradición que ha contribuido, junto con otras, a que podamos ser libres. Nada más, pero tampoco nada menos, hermano Homero.

Publicación original en Masonería Española.

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6 pensamientos en “En logia, Homero; en la vida civil, Federico García Lorca

  1. Cierto, Es un deber ciudadano devolver a la Masonería el lugar que le corresponde en la Històría cercana, y en el próximo presente. Con respeto , claridad y sin temor.

  2. Pingback: En logia, Homero; en la vida civil, Federico García Lorca | masonerialibertaria

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