Ahora ya sabemos para qué sirve la masonería

Rouget

Por GABRIEL JARABA

He asistido a un gran número de tenidas en las que se producía un intenso debate sobre un tema crucial: la justificación de la masonería hoy día, la pertinencia de su práctica, el modo cómo los francmasones activos pueden orientar sus trabajos para que la luz que buscamos en el interior del templo pueda aparecer en la tarea de la construcción del Templo de la Humanidad. En esta tesitura he observado dos posturas que  son fruto, a mi entender, de una misma perplejidad. Por una parte, la conciencia de que las organizaciones masónicas en nuestro país incorporan a un reducido número de personas las cuales, meramente con su ejemplo de rectitud personal y su capacidad de influenciar en las ideas, tendrían unas posibilidades muy limitadas de propiciar cambios, tanto de conciencia como sociales. Por otra parte, el estado de la calidad de nuestra democracia, en retroceso a causa de políticas públicas orientadas a adelgazar el estado del bienestar, a atenuar la participación política y a propiciar el refugio en lo privado, a causa del empobrecimiento objetivo de las personas y de los grupos sociales, no solamente los más desfavorecidos sino las capas medias.

La cuestión es: ¿tiene la masonería alguna oportunidad de incidir operativamente en nuestro entorno social? ¿Podemos realmente ir más allá de la autoafirmación en nuestros principios o debemos contentarnos con esclarecernos mediante la práctica de nuestros trabajos mediante el ritual y la discusión? La respuesta ha llegado, de manera repentina y cruel, con los ataques del Daesh el 14 de noviembre de 2015 a París y las diversas reacciones que han suscitado, especialmente entre personas progresistas y dotadas de sensibilidad humanista.

En mi humilde opinión, lo que los hechos de París han puesto de relieve es que la República está amenazada. No nos hallamos ante un mero acto de terrorismo sino de un ataque militar –pues con armas militares y con estrategias militares ha sido ejecutado– que tiene por objeto poner en jaque la democracia europea. Y no sólo no estábamos en condiciones de prevenir semejante ataque, e incluso ignoramos en qué consistiría una respuesta justa y proporcionada. Vista la consideración de los hechos por parte de amplios sectores de ciudadanos progresistas, creo sinceramente que estamos harto desarmados ideológicamente para afrontar tal situación.

Estamos desarmados ideológicamente porque pensamos al respecto de manera prepolítica. Nuestra reacción es justa pero desde un planteamiento estrictamente ético o moral. Nos hemos beneficiado de largos años de libertades democráticas y hasta ahora, de prosperidad y de estado del bienestar. La pregunta grave es: ¿si tuviéramos que enfrentarnos físicamente y con las armas al fascismo, lucharíamos contra Franco y Hitler como lo hicieron nuestros padres? Dejo a la conciencia reflexiva del lector la respuesta consecuente.

La masonería puede abrir los ojos a la gente y llevarlos del planteamiento justamente ético a la conciencia precisa de la necesidad de apreciar y defender la democracia. Un hermano de la R:. L:. Minerva Lleialtat nº 1, que labora ahora en el Oriente Eterno, definió una vez la masonería como “una ONG de las ideas”. Es el momento de poner a esa ONG a trabajar, porque hay algo que los masones sabemos hacer muy bien, algo cuya eficiencia hemos probado: proponer y defender ideas fuerza, programas de mínimo irrenunciables, orientaciones hacia imperativos éticos que deben concretase en acción social y política. La masonería deberá probar ahora que es útil poniéndose a trabajar en la promoción de unas ideas en la conciencia individual y colectiva de los ciudadanos democráticos. Ahora sabemos que la masonería sirve para:

Ser conscientes de que la libertad es el bien más preciado del ser humano.

Saber que la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa el modo como esa libertad se ejerce a partir de la dignidad inherente a toda persona.

Asumir que la libertad no se regala, que se conquista y gana defendiéndola y luchando por ella.

Darse cuenta de que la libertad amenazada se defiende por todos los medios, y que cuando no se es capaz de hacerlo sobrevienen dictaduras como la que asoló España durante casi 40 años.

Tener claro que sean cuales fueren las causas que animan a los enemigos de la libertad, o las que puedan invocar los atacantes como alibi, los efectos de su acción deben ser prevenidos, evitados y si cabe, represaliados. Y que tal represalia no sólo es justamente ética sino estratégicamente inevitable. La represión de quien amenaza la libertad no es promover el belicismo sino proteger a nuestros conciudadanos y nuestro régimen de libertades.

Llamar a los ciudadanos a la reflexión, al debate, a asumir de que las libertades democráticas, incluso en un régimen de insuficiente democracia política, económica y social, son un bien valioso al que no podemos renunciar y que no podemos socavar a partir de una legítima aspiración a la justicia. En la Francia de los 40 las filas de los colaboracionistas contaron con muchos ciudadanos indignados con el capitalismo realmente existente al no saber establecer las justas prioridades.

Promover una solidaridad activa entre ciudadanos y países democráticos, comenzando por defender las libertades ante la tentación de someter la libertad a la seguridad. Para ello las personas deben dar un paso al frente aprendiendo a pensar no solamente en términos éticos sino de inteligencia militar. No son nuestras autoridades quienes nos pueden llevar a la guerra, lo hace la fuerza atacante. Recuérdese la invasión de Polonia y de los Sudetes por el ejército alemán.

Saber que la defensa armada de la libertad y de la República no solamente es necesaria sino legítima. Que cierto pacifismo a ultranza no solamente es abandonista sino colaboracionista. Que a vees el “no a la guerra” quiere decir en realidad “virgencita, que me quede como estoy”. Las grandes y necesarias manifestaciones contra la guerra del Golfo no evitaron la matanza de Atocha. ¿Qué tal gritar no a la guerra bajo los bombardeos de Londres durante el blitz?

Aprender a diferenciar el cultivo de actividades humanistas y espirituales orientadas al bien y la buena voluntad del solipsismo narcotizante que no es más que el refugio en el individualismo de lo privado cubierto por una capa de autosatisfacción y autojustificación.

Entender que la laicidad en las instituciones políticas y el cuerpo social es el terreno común de convergencia entre todos los ciudadanos libres e iguales cualquiera que sea su fe o ausencia de ella.

Defender las conquistas del feminismo y considerar la igualdad de la mujer como una línea roja tras la que no se puede retroceder bajo ningún concepto.

Ayudar a que los ciudadanos musulmanes se atrevan a reclamar su fe si así lo desean arrebatándosela a quienes la han secuestrado. Para ello hay que comenzar por lo discriminarles ni culpabilizar a los inocentes. Y en ese marco entender que los refugiados son víctimas que huyen del mismo enemigo que nos amenaza.

Recordar que el autor de la canción Imagine escribió también Power to the people.

Gabriel Jaraba, 33º, es el editor del blog Masonería Cívica.

Ilustración: el Q:. H:. Rouget de Lisle canta por primera vez La Marsellesa. Cuadro de Isidore Pilis (fuente, Wikimedia Commons).

 

 

 

 

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4 pensamientos en “Ahora ya sabemos para qué sirve la masonería

  1. Agradezco profundamente la reflexión que comparto totalmente y también me pregunto que harían en este momento nuestros padres, y todas aquellas personas que dieron su vida por la libertad.

  2. Querido H.:. Jaraba. Eso ya lo sabíamos, lo que pasa es que las estructuras, y las propias logias de la masonería liberal, no asumen su papel en una masonería de compromiso y de combate, lo que nuestros antecesores pusieron en marcha en el siglo XIX, es todo un mundo de ideas de proyectos, muchos fallido, que ni por asomo se plantea la masonería actual. Es una realidad , y si echas un vistazo a Masonería siglo XXI. verás mi crítica

    • Querido H:. Víctor, quizás debiera haber escrito “sabemos” entre comillas, no porque lo haya escrito en tono irónico sino porque mi argumentación iba en el mismo sentido que tu comentario. Lo que quería decir es lo que tú has dicho: la masonería está sin proyecto, pero mejor dicho, lo estaba: ahora ya tiene uno. Si quiere.

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