La Gran Maestre de la GLSE, Nieves Bayo, llama a no olvidar a los refugiados del Mediterráneo

La Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española, Nieves Bayo, ha hecho un llamamiento a no olvidar el sufrimiento de los refugiados que buscan amparo en Europa en su carta de inicio de curso masónico.

NIEVES BAYO GALLEGO, Serenísima Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española

Hace unos cuantos días, un policía de la Guardia Costera turca que paseaba por la playa de Bodrum, desierta a primera hora de la mañana, divisó un pequeño bulto que el mar había llevado hasta la orilla. No era fácil distinguir qué era. Cuando se acercó se dio cuenta de que se trataba del cadáver de un niño. Un niño de unos dos años que debía de haberse ahogado muy poco antes, porque el mar no había tenido tiempo de arrancarle sus zapatitos, su pantalón vaquero azul y una camiseta roja. Estaba tumbado boca abajo. Se habría podido pensar que estaba dormido si no hubiese tenido la cara hundida en la arena.

Hoy comenzamos, os decía, un nuevo curso masónico. Podría deciros ahora que nuestra obligación es trabajar para que ese niño sea el último que muera en el terrible éxodo humano que está provocando el fanatismo. Pero sería una tontería decir eso porque todos sabemos que no lo será. Morirán muchos más, miles más. Y nuestro trabajo no podrá evitarlo.

Yo estoy dispuesta a trabajar, en este curso que empieza, para muchas cosas: para mi perfeccionamiento personal, para el fortalecimiento de nuestra Gran Logia, para que se sigan levantando columnas, para el mejoramiento de la humanidad. Sin duda lo haré. Pero sobre todo voy a trabajar para una cosa: para que ese niño no se me olvide. Para que en cada cosa que haga, en cada momento, en cada cadena de unión, tenga presente su cara pálida hundida en la arena. Que no se me olvide nunca ese niño que nunca oirá hablar de la Masonería, que nunca se enamorará, que nunca será feliz, que nunca leerá un libro, que nunca sabrá qué quiere decir la palabra “fraternidad” y que jamás se enterará de exactamente cuál es el cupo de refugiados que permite entrar en su territorio cada uno de los gobiernos de los países de Europa, esos países prósperos que no están dispuestos a consentir que su prosperidad se vea amenazada por la llegada de un número demasiado alto de “inmigrantes ilegales”. Mientras se discute todo esto, que sin duda es muy importante, miles de seres humanos se ahogan en el Mediterráneo, que se ha convertido, una vez más, en un cementerio espantoso.

Yo vengo aquí a trabajar hoy, para que nunca se me olvide ese niño, nunca. Porque ese niño lleva mi nombre, y me imagino que también lleva el de cada uno de vosotros. Vengo aquí a trabajar porque estoy convencida de que cada vez que me ciño el mandil, cada vez que me pongo al Orden de Aprendiz, cada vez que trazo o escucho una Plancha, estoy haciendo algo útil, algo enormemente importante y eficaz para evitar que la gente se siga ahogando el en mar: estoy pensando, estoy recordando, estoy poniendo en marcha mi libertad, estoy uniéndome a otras personas que creen, como yo, que entre todos es posible obligar a los gobiernos a detener ese vergonzoso chalaneo de feriantes y a salvar vidas humanas. Todas las vidas humanas posibles. Y creedme: eso es más de lo que hace mucha gente. Estoy ejerciendo mi derecho a no olvidar nunca a ese niño. Estoy cumpliendo mi obligación, como masón, de unir mi pequeño trabajo al pequeño trabajo de otros, de muchos más, de millones de personas más, para doblar –si es necesario– el brazo de la gente indigna que prefiere lamentar compungidamente que haya muertos antes que correr a salvarlos antes de que se ahoguen. Que es lo que pueden hacer. Que es lo que deberían hacer y no hacen.

Sin el trabajo interior de cada cual, la Masonería sencillamente no existe. Pero si nos quedamos sólo ahí ocurre algo peor: que existe, pero no sirve para nada. Quien crea que enunciar sonoramente los nobles principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad es más que suficiente, y con eso su conciencia quede tranquila, se equivoca. El trabajo masónico consiste ante todo en pensar, en sentir, en practicar la solidaridad, y en este caso también en temblar de indignación.

Me gustaría que los Trabajos que hoy comenzamos sirviesen para que no se ahogase en el cementerio del Mediterráneo ningún niño, ningún padre, ninguna madre desesperada por salvar a sus hijos: ni un solo ser humano más. Pero eso es casi imposible. Así que me voy a esforzar este curso, y os pido que lo hagáis todos conmigo, para que ese niño no se nos olvide nunca a ninguno. Que nos recuerde todos los días cuál es nuestro compromiso, cuál es nuestra obligación, cuál es nuestro duro trabajo como masones: servir para algo, aunque sólo sea para no olvidar, para reflexionar en común, para avergonzarnos de la civilización brutal que se nos está imponiendo y para ayudar en lo que podamos. Que nunca será suficiente, ya lo sé. Pero somos masones y no tenemos derecho a hacer menos. Que tengáis buenos Trabajos en este año. Y que nunca nos separemos.

Anuncios

Un pensamiento en “La Gran Maestre de la GLSE, Nieves Bayo, llama a no olvidar a los refugiados del Mediterráneo

  1. Pingback: La Gran Maestre de la GLSE, Nieves Bayo, llama a no olvidar a los refugiados del Mediterráneo | Masoneria357

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s